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ALEMANIA DESTRUIRÁ EUROPA POR 3ª VEZ… by Alfonso M. Becker

Europa hacia el infierno y a toda máquina…

 

Que Angela Merkel ha destruido la Unión Europea es algo que nadie puede negar. Estamos asistiendo a un suceso histórico que no es nada sorprendente ya que Alemania destruyó Europa dos veces durante el siglo XX comenzando dos guerras de exterminio y siendo protagonista del más grande genocidio de la historia de la humanidad.

Como dice la sabiduría popular en España- “No hay dos sin tres”… Europa lleva el mismo camino con una Alemania al frente que ya es tan poderosa económicamente como los Estados Unidos.

Pero lo realmente cierto es que nadie se atreve, siquiera, a expresar un pensamiento libremente por temor a nadar contra corriente en aguas políticas realmente pervertidas; el Estado policial se asoma desde las últimas ventanas del Bundestag… Las amistades peligrosas comienzan a aflorar con los aplausos de China, de Rusia y hasta de los terroristas persas…

El truco de la retórica propagandista es muy antiguo y se inventó en Alemania; solo se necesita un buen “amplificador” como metáfora al uso para que quede claro el inquebrantable amor que tienen los alemanes por los judíos; lo que determina un salvoconducto para que su élite corrupta pueda buscar con ansiedad a islamófobos con su lupa semántica ya que son “expertos” en racismo… Lo dice la historia…

Lo que también nos dice la historia reciente es que, en la sociedad de pensamiento único que los polizontes de bruselas pretenden instaurar en la Unión Europea, es que ya se comenta con cierta sorna una suerte de “Der Reichstagsbrand” que permita suspender las libertades democráticas por un tiempo determinado que podría ser… hasta que el Cuarto Reich se establezca y se consolide…

Los díscolos, histriónicos y grandilocuentes políticos italianos no son los únicos que no se fían de alemanes y franceses; toda la Europa central que fue esclavizada por la URSS está viviendo en un zafarrancho de nervios que no tiene precedentes. Todos se han dado cuenta de que los multimillonarios y corruptos políticos alemanes tienen su propio proyecto para Europa; un proyecto en el que no cuentan con Washington.

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Alfonso M. Becker © copyright (Todos los derechos reservados)

TODA LA GENIALIDAD DE UN INTELECTUAL GAY PARA TRATAR DE SALVAR A EUROPA

LOS INTELECTUALES DE TODO EL MUNDO NO PUEDEN CREER LO QUE ESTÁ OCURRIENDO…

EL STABLISHMENT POLÍTICO DE BRUSELAS ESTÁ DESTRUYENDO EUROPA Y DESPRECIANDO LA CULTURA JUDEOCRISTIANA

 

Francia: ¿una revuelta contra las élites de Europa?

Durante años, los que escribíamos y nos preocupábamos por el auge del islam en la Europa occidental sabíamos que, al final, si los gobiernos de estos países no cambiaban el rumbo drásticamente, algo iba a pasar. Hasta ahora, los nativos han sido, en su mayoría, notablemente mansos. Han tragado mucho. Sus líderes han llenado sus países con enormes cantidades de inmigrantes de Oriente Medio y el norte de África, de los cuales una desproporcionada cifra dejaron claro que no tenían ninguna intención de unirse plenamente o contribuir a sus sociedades de acogida sino, más bien, se contentaban con coger, herir, dañar y destruir, y estaban decididos, a la larga, a conquistar y gobernar.

Nadie le ha preguntado nunca a los ciudadanos de la Europa occidental si querían que sus países se transformaran radicalmente de esta manera. La transformación, además, se intensificó cada año. En algún momento, sin duda, las poblaciones nativas de la Europa occidental reaccionarían.

¿Pero qué forma tomaría? Los que estamos profesionalmente preocupados por estos temas hemos pasado horas sopesando esta pregunta. Nos preguntábamos unos a otros: ¿qué crees que pasará? Algunos profetizaron la balcanización. Ya había zonas de exclusión, enclaves en la periferia de las grandes ciudades donde los “infieles” no eran bienvenidos y la policía y los bomberos eran por sistema bombardeados con piedras si se atrevían a inmiscuirse. Era suficientemente fácil imaginar que esas zonas se expandirían, que su soberanía de facto bajo la ley de la sharia se reconocería oficialmente y que se establecería algún tipo de relativa estabilidad. Otros observadores predijeron que los nativos provocarían disturbios; no las élites cuyas vidas personales se veían mínimamente afectadas por la presencia musulmana en sus países, sino las personas menos privilegiadas cuyos barrios y colegios se han convertido en zonas peligrosas, a los que se les han subido repetidamente los impuestos para pagar enormes salarios a miembros de organizaciones de inmigrantes, y cuyos médicos y hospitales se han visto tan sobrecargados por los recién llegados que los tratamientos vitales se racionaron cada vez más y las listas de esperas fueron cada vez más largas.

En 2016, los británicos conmocionaron al mundo al votar a favor del Brexit, y unos meses más tarde los estadounidenses obraron un milagro aún mayor al elegir a Donald Trump para la presidencia. Algunos analistas esperaban que las elecciones en Francia, Suecia y los Países Bajos también arrojaran unos sensacionales resultados, pero a pesar de los progresos logrados por los partidos a favor de controlar la inmigración, como la Agrupación Nacional (antiguo Frente Nacional) de Marine Le Pen, los Demócratas Suecos y el Partido de la Libertad de Geert Wilders y el Foro por la Democracia de Thierry Baudet, ambos de los Países Bajos, esas victorias fueron menores de lo esperado. Por otro lado, el año pasado los austriacos eligieron como canciller a Sebastian Kurz, enérgico detractor de las cuotas de asilo impuestas por la UE, y este año el cargo de primer ministro italiano fue para Giuseppe Conte, que ha adoptado una firme postura contra los inmigrantes ilegales y que ha vetado los barcos de inmigrantes en los puertos italianos.

La noticia más importante en este frente, sin embargo, no se ha producido en las urnas. Este año los británicos han expresado cada vez más indignación por la chapuza de Theresa May con el Brexit y, durante el verano, salieron a las calles a protestar por el encarcelamiento ilegítimo de Tommy Robinson, que en ese país se ha convertido en el rostro de la resistencia a la islamización. Además, en las últimas semanas, ciudadanos franceses de todo el espectro político, sobre todo los provenientes de pequeñas localidades y áreas rurales, no sólo han llevado a cabo protestas públicas por temas corrientes –esa perenne actividad recreativa gala–, sino que han provocado revueltas y cometido actos de vandalismo en París y otras grandes ciudades, y saqueado lugares emblemáticos como los Campos Elíseos, obligando al cierre de la Torre Eiffel y el Louvre, e incluso causando daños al Arco del Triunfo.

Al principio se dijo que los franceses estaban enfadados por una subida de los impuestos al combustible que había sido motivada por las prioridades medioambientales del presidente Emmanuel Macron. “El precio de la gasolina se ha puesto de no creer”, dijo el otro día Ghislain Coutard, al que se le atribuye la creación del llamado movimiento de los chalecos amarillos, y después habló de que algunos amigos suyos “están apenas sobreviviendo” a causa del coste de poseer un coche. “El menor problema con el coche se convierte en una catástrofe –explicó­–. Tienes que meterte en deudas y después nunca terminan”. Por desgracia, incluso después de que Macron, al darse cuenta de que se había pasado, canceló la subida del impuesto, las revueltas continuaron.

Los periodistas se han visto en apuros para obtener explicaciones claras y concisas de los agitadores y sus motivos y objetivos. Quizá los agitadores no encuentran las palabras, quizá están expresando una rabia que aún tienen que saber articular. O quizá son reacios a decir en alto lo que piensan por temor a que los llamen xenófobos, islamófobos o racistas. En una entrevista el otro día, el filósofo francés Alain Fienkelkraut atribuyó las revueltas a la inseguridad económica y cultural por parte de las clases étnicas baja y media francesas, personas que han sido expulsadas de los centros de las grandes ciudades por la subida de los alquileres, que han visto sus trabajos y pequeños negocios destruidos por las tasas y regulaciones “verdes”, que sienten que han perdido en una lucha de poder con los inmigrantes musulmanes, y que sienten que sus clases dirigentes han tenido más simpatía hacia los inmigrantes que hacia ellos.

Ahora las revueltas se han extendido a Bélgica y los Países Bajos. Allí, también, los objetivos de los agitadores pueden ser imprecisos. Associated Press citó a una anciana mujer holandesa que se quejaba de los impuestos, la escasez de la vivienda y la pérdida de prestaciones sociales: “La red de prestaciones sociales con la que crecimos ha desaparecido –dijo–. El Gobierno no está ahí para la gente. Está ahí para proteger sus propios intereses”. Por supuesto, esos “intereses” incluyen priorizar las gratuidades para los inmigrantes a costa de los holandeses que han aportado toda una vida de trabajo. Aún hoy, sin embargo, para muchos nativos europeos occidentales, puede ser más fácil ser un insurrecto que habla honestamente sobre el islam y la inmigración.

¿Se extenderán aún más estas revueltas? En cierto modo es difícil imaginarse a los escandinavos de a pie provocando revueltas, son demasiado suaves. Su idea de una manifestación pública consiste en una tranquila vigía a la luz de las velas. En cuanto a los alemanes, son demasiado ordenados para estallar con levantamientos espontáneos. Sí, se les da muy bien marchar en fila india a las órdenes de algún maniaco fascista histérico, pero no se sienten individualmente inclinados a estallar con violencia. De nuevo, esa impresión podría ser equivocada. Después de todo, fue bastante sorprendente ver a tantos británicos normalmente educados, e incluso reprimidos, amontonarse en las plazas londinenses para expresar su solidaridad con Tommy Robinson. Así que tal vez estos agitadores franceses sí se extiendan por toda la Europa occidental. Quizá ya llega: el comienzo de la resistencia de los ciudadanos de la Europa occidental contra el desastroso proyecto multicultural y globalista de las élites europeas. O tal vez es sólo un paso más que nos acerca al día del juicio final del continente. Deberemos averiguarlo a tiempo.

 

Bruce Bawer El último grito para salvar Europa”

Bruce Bawer, (Nueva York, 31 de octubre de 1956) es un ensayista, escritor y periodista estadounidense, que vive en Europa desde 1998. Colabora habitualmente en publicaciones tan relevantes como The New York Times, Newsweek, The Wall Street Journal, The Washington Post, entre otras. Es también autor de varios libros, como A Place at the Table: The Gay Individual in American Society, Prophets and Professors: Essays On the Lives and Work of Modern Poets y Stealing Jesus: How Fundamentalism Betrays Christianity.

While Europe Slept: How Radical Islam is Destroying the West from Within (2006) ha sido traducida al castellano con el título Mientras Europa duerme. De cómo el islamismo radical está destruyendo Occidente desde dentro (Gota a gota, Madrid, 2007). Fue nominado para el Premio National Book Critics Circle en 2006 en la categoría de crítica.

En 1998 Bawer se trasladó desde Nueva York a Ámsterdam, donde consideraba que se encontraría en un ambiente más liberal y favorable para él y su pareja homosexual. Huyendo del creciente fundamentalismo cristiano estadounidense, se encontró para su sorpresa con otro fundamentalismo en su opinión mucho peor: el fundamentalismo islámico que se extendía a sus ojos por Europa. Ha viajado por distintas capitales europeas, que le dieron pie a su obra sobre la crisis democrática europea, que ha denominado “momento Weimar”, haciendo una analogía de las actuales políticas europeas frente al islamismo con las políticas de apaciguamiento de los años 1930 frente al ascenso del nacionalsocialismo en Europa.

Actualmente vive en Noruega.

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TODA LA GRANDEZA DE UN INTELECTUAL GAY Y TODA LA AGUDEZA DE UN PERIODISTA, ENSAYISTA Y ESCRITOR HOMOSEXUAL ESTADOUNIDENSE QUE HA COMPRENDIDO PERFECTAMENTE QUE EUROPA ESTÁ AL BORDE DE SU DESAPARICIÓN COMO CULTURA Y PUEBLO POR CULPA DE SU ÉLITE POLÍTICA…

Bruce Bawer :Despierta Europa”

 

Bruce Bawer es un escritor y traductor norteamericano nacido en Nueva York. Vive en Europa desde hace bastantes años. Se mudó por amor, porque su pareja (Bawer es gay) es de aquí. También por la fascinación que la vieja Europa, de apariencia tan sofisticada, tan rica en historia y tan agradable para vivir, ejerce sobre tantos norteamericanos convertidos en expat, como ellos dicen (por “expatriados), más por voluntad que a la fuerza.

Cuando se vino a Europa, Bawer también andaba aburrido de algo que entonces él consideraba avasallador y peligroso: el “fundamentalismo” cristiano evangélico, al que dedicó muchas horas de trabajo y un libro, Stealing Jesus, algo así como “El robo de Jesucristo”. Bawer parecía destinado a vivir en Ámsterdam o Berlín, alguna ciudad cosmopolita que le ofreciera lo mismo que había dejado atrás en Nueva York… más el toque europeo. Acabó en un sitio bastante inverosímil. Oslo, ni más ni menos. Con una terquedad característicamente norteamericana, convirtió este reducto un poco al margen, incluso algo provinciano, que le había tocado en suerte en un observatorio ideal de la realidad europea.

Uno de los resultados de esta actitud es el libro que ahora publica en español la editorial Gota a Gota bajo el título de Mientras Europa duerme. Bawer describe aquí, con agudeza extraordinaria, cómo Europa, ese paraíso tolerante y abierto que él había soñado y en el que por fin vivía, se ha ido convirtiendo ante sus ojos en un mundo nuevo. Y sumamente desagradable. La palabra “tolerancia” es una de las claves de esta deriva; también la “paz” y el “multiculturalismo”.

Europa, efectivamente, está abdicando de la defensa de sus antiguos ideales. Ante la intolerancia, la falta de respeto por los Derechos Humanos, la brutalidad y la censura que el islamismo está consiguiendo infiltrar en sus países, los europeos han decidido inhibirse, no defender la libertad (la suya propia), recluirse en un mundo de apariencia ideal donde está mal visto, cuando no prohibido, disentir de la actitud de rendición. A Bawer, más preocupado por el destino de Europa que muchos europeos, le revuelve el estómago la perspectiva de que el Viejo Continente se convierta en un parque temático de tamaño natural… con el islam como religión y cultura dominante.

Y lo cuenta muy bien. Describe este proceso no en forma de ensayo, al modo en que lo ha podido hacer Glucksmann en Occidente contra Occidente. Construye un relato, el de su periplo personal, marcado por los jalones de ese nuevo rapto de Europa que todos llevamos marcado a sangre y fuego en nuestra memoria: el 11-S y las infames reacciones que suscitó, el asesinato de Pim Fortuyn y luego el de Theo Van Gogh, o los atentados de Madrid (que Bawer, como es lógico, interpreta únicamente en clave de terrorismo islámico, pero el ejemplo no por eso resulta menos elocuente).

En más de una ocasión, Mientras Europa duerme recuerda Mi vida, mi libertad, el segundo libro de Hirsi Ali. Un personaje en busca de una cierta forma de libertad cuenta cómo, habiendo creído descubrirla en un país europeo, llega pronto el desengaño. En los dos casos el agente exterior es el mismo: el islam y el islamismo –entre líneas, Bawer se pregunta qué distancia hay entre uno y otro–, que está protagonizando un cambio demográfico y cultural gigantesco. También es idéntica la raíz del mal. Siempre habrá fanáticos y totalitarios. La cuestión es no rendirse ante ellos. El libro de Bawer es un llamamiento a la acción, a despertarse ante la voluntaria servidumbre que muchos europeos están aceptando como si fuera irremediable o, aún más increíble, como si fuera un progreso, un avance.

Al tiempo que una descripción y un toque a rebato, Mientras Europa duerme incorpora otra dimensión. Y es la de cómo un norteamericano redescubre, en contraste con lo que está viviendo en Europa, su propio país. Bawer no deja de ser crítico con él, como lo son muchos norteamericanos –que en esto se parecen bastante a los españoles–. Pero al contemplar la siesta y la molicie de una Europa que ha optado por la rendición preventiva, el ejemplo norteamericano –su patriotismo, el dinamismo de una sociedad que se niega a depender del Estado, el empeño en integrar a los inmigrantes en una identidad orgullosa de sí misma– se torna más y más positivo.

En resumen, la perspicacia, el coraje –y el talento– de Bruce Bawer permiten a éste describir al mismo tiempo el despeñadero europeo y contrastarlo con otro lugar –¿otra cultura?– que ofrece soluciones a esa misma deriva. La paradoja, que muchos no sabrán apreciar, es que ese lugar, Estados Unidos, es la encarnación de lo que una vez fue un sueño europeo de libertad e igualdad ante la ley, hoy amenazado por el islam y el empeño suicida de quienes deberían ser los herederos del ideal primero.

Un libro valiente, complejo y claro a la vez, y además ameno como pocos. Se lee de un tirón, sin exageración de ninguna clase. No dejen de precipitarse a comprarlo, ahora mismo, en la librería más próxima. De lectura obligatoria.