Judith Bergman : “La ONU declara una guerra sin cuartel a la libertad de expresión”

La ONU declara una guerra sin cuartel a la libertad de expresión

Escrito por Judith Bergman

En enero, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, encargó “un plan de acción global contra el discurso y los delitos de odio con carácter de urgencia”, y dijo que los gobiernos e instituciones tienen que “movilizar soluciones que atiendan a los temores y ansiedades de la gente con respuestas”. Una de esas respuestas, pareció sugerir Guterres, es acallar la libertad de expresión. En la imagen, Antonio Guterres. (Foto: Fiona Goodall/Getty Images).

 

En enero, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, encargó a su asesor especial para la Prevención del Genocidio, Adama Dieng, que “presentara un plan de acción global contra el discurso y los delitos de odio con carácter de urgencia”. En una rueda de prensa sobre los retos de la ONU para 2019, Guterres sostuvo: “El mayor reto al que se enfrentan hoy los gobiernos e instituciones es demostrar que nos preocupamos, y movilizar soluciones que atiendan a los temores y ansiedades de la gente con respuestas”.

Una de esas respuestas, pareció sugerir Guterres, es acallar la libertad de expresión.

“Tenemos que incorporar a todos los segmentos de la sociedad en la batalla por los valores a la que se enfrenta nuestro mundo de hoy, abordar el aumento del discurso del odio, la xenofobia y la intolerancia. Oímos ecos problemáticos y llenos de odio de tiempos muy lejanos —dijo Guterres—. Opiniones tóxicas que están penetrando los debates políticos y contaminando el discurso general. No olvidemos nunca las lecciones de los años treinta. El discurso y los delitos de odio son una amenaza directa a los derechos humanos”.

Guterres añadió: “Las palabras no bastan. Necesitamos ser eficaces a la hora de afirmar nuestros valores universales y al abordar las causas originarias del miedo, la desconfianza, la ansiedad y la ira. Esa es la clave para conseguir que se una a la defensa de esos valores que hoy están tan gravemente amenazados”.

Dicho con otras palabras, olvidemos por completo del libre intercambio de ideas: a la ONU le parece que sus “valores” están amenazados y que, por lo tanto, hay que acallar a aquellos que critican esos valores. No sólo eso, sino que —sin ninguna ingenuidad— la ONU está comparando a los que disienten de sus intereses con el auge del fascismo y el nazismo en los años treinta.

Ya está listo el plan de acción del que hablaba Guterres en enero. El 18 de junio, Guterres presentó la “Estrategia y plan de acción de Naciones Unidas contra el discurso del odio”:

“El discurso del odio es […] un ataque a la tolerancia, la inclusión, la diversidad y la propia esencia de nuestras normas y principios sobre los derechos humanos”, dijo Guterres. También escribió un artículo sobre el tema: “A los que insisten en utilizar el miedo para dividir comunidades, debemos decirles: la diversidad es una riqueza, nunca una amenaza […]. No olvidemos, al fin y al cabo, que cada uno de nosotros somos un ‘otro’ para alguien, en alguna parte”.

Según el plan de acción, “el odio se está trasladando a la corriente general, tanto en las democracias liberales como en los sistemas autoritarios. Y cada vez que se rompe una norma, se debilitan los pilares de nuestra humanidad común”. La ONU lo considera una función crucial en sí misma: “Por una cuestión de principios, Naciones Unidas debe enfrentarse al discurso del odio en cada ocasión. El silencio puede ser una señal de indiferencia al fanatismo y la intolerancia”.

Naturalmente, la ONU asegura a todo el mundo que “abordar el discurso del odio no significa limitar o prohibir la libertad de expresión. Significa impedir que el discurso del odio crezca y se convierta en algo más peligroso, en especial en incitación a la discriminación, la hostilidad y la violencia, que están prohibidas por el derecho internacional”.

Salvo que desde luego que la ONU intenta limitar la libertad de expresión, en particular el que cuestiona la agenda de la ONU. Esto se hizo evidente en lo relativo al Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, en el que se afirmaba explícitamente que debía cesar la financiación pública de “medios que promueven sistemáticamente la intolerancia, la xenofobia, el racismo y otras formas de discriminación” hacia los inmigrantes.

Quedó por definir qué es lo que constituye intolerancia, xenofobia, racismo o discriminación, por supuesto, lo que hace que en la disposición quepa cualquier cosa, muy oportuno para los gobiernos que quieren retirar la financiación de los medios que disienten de la actual ortodoxia política sobre la inmigración.[1]

A diferencia del Pacto Mundial de la ONU, el plan de acción de la ONU contra el discurso del odio sí incluye una definición de lo que ésta considera “odio” y resulta ser la definición más amplia y vaga posible:

“Cualquier tipo de comunicación verbal o escrita o conducta que ataque o utilice un lenguaje peyorativo o discriminatorio en referencia a una persona o grupo basado en quiénes son o, dicho de otra forma, basado en su religión, etnia, nacionalidad, raza, color de piel, origen, género u otro factor identitario”. Con una definición tan amplia como esta, cualquier discurso se puede calificar “de odio”.

El plan de acción “tiene por objetivo dar a Naciones Unidas el margen y los recursos para abordar el discurso del odio, que representa una amenaza para los principios, valores y programas de Naciones Unidas. Las medidas que se tomen serán acordes con las normas y estándares internacionales sobre derechos humanos, y en particular la libertad de opinión y expresión. Los objetivos son dobles: reforzar las labores de la ONU para abordar las causas de raíz y lo que impulsa el discurso el odio [y] mejorar la eficacia de las respuestas de la ONU al impacto del discurso del odio en las sociedades”.

La ONU deja claro en el plan que “aplicará acciones a nivel mundial y nacional, y también reforzar la cooperación internacional entre los organismos de la ONU pertinentes” para combatir el discurso del odio. Considera que “abordar el discurso del odio es responsabilidad de todos: gobiernos, sociedades y sectores privados” y concibe “una nueva generación de ciudadanos digitales, con el poder de reconocer, rechazar y plantar cara al discurso del odio”. Qué mundo feliz.

En el plan, la ONU establece una serie de áreas de prioridad. Al principio, la ONU “tendrá que saber más para actuar con eficacia” y, por lo tanto, “dejará que los organismos pertinentes de la ONU […] detecten, vigilen y recopilen datos y analicen las tendencias del discurso del odio”. También intentará “adoptar una comprensión común sobre las causas raíces y motores del discurso del odio con el fin de emprender las acciones pertinentes para abordar mejor y/o mitigar su impacto”. Además, la ONU “identificará y apoyará a los actores que desafíen el discurso del odio”.

Los organismos de la ONU también “aplicarán medidas centradas en los derechos humanos que se proponen contrarrestar el discurso del odio vengativo y la escalada de la violencia” y “promoverá medidas para asegurar que se defienden los derechos de las víctimas y que se atienden sus necesidades, incluida la defensa de compensaciones, el acceso a la justicia y la terapia psicológica”.

Es inquietante que la ONU tenga intención de ejercer una presión directa sobre los medios e influir en los niños por medio de la educación:

“El sistema de la ONU debería establecer y fortalecer las asociaciones con medios nuevos y tradicionales para abordar las narrativas de odio y promover los valores de la tolerancia, la no discriminación, el pluralismo y la libertad de opinión y expresión” y “actuar en la educación reglada y no reglada para […] promover los valores y competencias de la educación para la ciudadanía global y mejorar la alfabetización mediática e informativa”.

La ONU es sumamente consciente de que tiene que aprovechar las asociaciones estratégicas con una serie de actores mundiales y locales, gubernamentales y del sector público, para alcanzar su objetivo. “La ONU debería establecer/reforzar las asociaciones con las pertinentes partes interesadas, incluidas las que trabajan en la industria tecnológica. La mayoría de las acciones importantes contra el discurso del odio no las emprenderá la ONU en solitario, sino que lo harán también los gobiernos, las organizaciones regionales y multilaterales, las empresas privadas, los medios, las organizaciones religiosas y otros actores de la sociedad civil”, señala el plan de acción. Y añade: “Los organismos de la ONU deberían también involucrar a los actores del sector privado, incluidos los medios de comunicación, en los pasos que pueden dar para apoyar los principios de la ONU y las acciones que pueden emprender para abordar y contrarrestar el discurso del odio, fomentando la asociación entre el gobierno, la industria y la sociedad civil”. La ONU también dice que: “a petición, proporcionará apoyo a los países miembros en el área de construcción de capacidades y desarrollo de políticas para abordar el discurso del odio”.

El plan de acción también revela que la primera iniciativa concreta ya se ha planificado. Es una “conferencia internacional sobre educación para la prevención concentrada en abordar y contrarrestar el discurso del odio que involucraría a los ministerios de Educación”.

El nuevo plan de acción le hace directamente el juego a los intentos que lleva haciendo décadas la Organización de Cooperación Islámica (OCI) para prohibir las críticas al islam. A colación del lanzamiento del plan de acción de Guterres, Pakistán ya ha presentado un plan de seis puntos para “abordar las nuevas manifestaciones de racismo y odio basado en la fe, especialmente la islamofobia” en la sede de Naciones Unidas. La presentación fue organizada por Pakistán junto a Turquía, la Santa Sede y la ONU.

Según las informaciones de prensa, el plan fue propuesto por la representante permanente de Pakistán en la ONU, Maliha Lodhi, en una sesión titulada “Contrarrestar el terrorismo y otros actos de violencia basados en la religión o las creencias”.

“Un desarrollo de los acontecimientos particularmente alarmante es el auge de la islamofobia, que representa la última manifestación del odio milenario que abarca el antisemitismo, el racismo, el apartheid y muchas otras formas de discriminación”, dijo la embajadora en su discurso. Añadió: “Mi primer ministro, Imran Jan, ha vuelto a llamar hace poco a la acción para contrarrestar la islamofobia, que hoy es la expresión dominante de racismo y odio hacia ‘el otro'”.

“Estamos plenamente comprometidos con el apoyo a la estrategia de la ONU sobre el discurso del odio —dijo la embajadora paquistaní—. Este es un momento en el que todos tenemos que estar unidos y revertir la ola de odio e intolerancia que amenaza con socavar la solidaridad social y la convivencia pacífica”.

En 2017, el vicepresidente de Políticas Públicas de Facebook, Joel Kaplan, accedió a las peticiones del ministro de Interior paquistaní, Nisar Alí Jan, para que “eliminara cuentas falsas y el material explícito, de odio y provocador que incita a la violencia y el terrorismo” porque “toda la uma musulmana estaba muy consternada y está gravemente preocupado por el mal uso de las redes sociales para propagar contenidos blasfemos”.

En la ONU, Lodhi, la embajadora de Pakistán, pidió las intervenciones del gobierno para combatir el discurso del odio, incluidas unas leyes nacionales, y al parecer “pidió el establecimiento de una estrategia más concentrada para abordar las diversas expresiones de islamofobia. Se necesita un enfoque del “gobierno en conjunto” y “la sociedad en conjunto”. En este sentido, la enviada paquistaní instó al secretario general a implicar a un amplio abanico de actores, incluidos los gobiernos, la sociedad civil y las compañías de las redes sociales para emprender acciones e impedir que los usuarios de las redes sociales se conviertan en fuentes de radicalización en internet”.

La guerra sin cuartel de la ONU contra la libertad de expresión está en marcha.


[1] Según el objetivo n.º 17 del Pacto Mundial de la ONU sobre la inmigración, los estados miembros se comprometen a: “Promover un periodismo independiente, objetivo y de calidad en los medios de comunicación, incluida la información publicada en internet, por ejemplo, sensibilizando y educando a los profesionales de los medios informativos sobre las cuestiones y la terminología relacionadas con la migración, invirtiendo en normas y publicidad sobre la ética del periodismo, y dejando de asignar fondos públicos o apoyo material a los medios de difusión que promuevan sistemáticamente la intolerancia, la xenofobia, el racismo y otras formas de discriminación contra los migrantes, pero respetando plenamente la libertad de los medios de comunicación” [énfasis añadido].

Judith Bergman, una de las más destacadas analistas europeas en el estudio de la penetración del Islam en el viejo continente, acaba de publicar en la web del Gatestone Institute un artículo en el que recuerda cómo hace apenas unas semanas, el comisario de la UE para Migración, Asuntos Internos y Ciudadanía, Dimitris Avramopolous, afirmaba: “Al final, todos tendremos que estar preparados para aceptar la migración, la movilidad y la diversidad como la nueva norma y ajustar nuestras políticas en consecuencia”.

“Puesto que estas personas nos quieren hacer creer que la migración se ha convertido en una política tan categórica y al parecer incontestable de la UE —‘La migración está profundamente entretejida con nuestras políticas en economía, comercio, educación y trabajo’, escribió también Avramopolous, recuerda Bergman, “es fundamental analizar a qué tipo de ‘diversidad’ está invitando la UE a establecer su hogar en el continente europeo”.

En este punto, Judith Bergman explica cómo el profesor Ednan Aslan, catedrático de Educación Religiosa Islámica en la Universidad de Viena, entrevistó hace poco a una muestra de 288 de los aproximadamente 4.000 solicitantes de asilo, predominantemente afganos, de la localidad austríaca de Graz, por encargo del área de Integración de la ciudad. Los responsables del departamento querían conocer los puntos de vista de los musulmanes recién llegados. Los resultados se publicaron en un estudio titulado Religiöse und Ethische Orientierungen von Muslimischen Flüchtlingen in Graz (Orientaciones religiosas y éticas de los refugiados musulmanes de Graz).

Según el estudio, dos tercios de los solicitantes de asilo son hombres, la mayoría menor de 30 años. Todos están a favor de preservar sus valores tradicionales y conservadores islámicos. Los migrantes son extremadamente religiosos: un 70% va a rezar a la mezquita cada viernes”.

Las mujeres son igual de religiosas, si no más: un 62,6% reza cinco veces al día, notablemente más que los hombres (39,7%). Además, el 66,3% de las mujeres llevan la pañoleta en público, y el 44,3% se niega a estrechar la mano a los hombres”.

La mitad de los migrantes (49,8%) declaran que la religión desempeña ahora un mayor papel en su vida diaria en Europa que en sus países de origen. El 47,2% está convencido de que los judíos y los cristianos se han apartado del “camino correcto”, y el 47,8% piensa que el futuro del islam correría peligro si éste se interpretara de forma moderna y contemporánea”.

Para el 51,6% de los entrevistados, la supremacía del islam sobre las demás religiones es indiscutible. El 55% cree que los no creyentes van al infierno”.

El antisemitismo está profundamente arraigado: el 46% cree que los judíos tienen “demasiada influencia en los asuntos internacionales”, y el 44% cree que el judaísmo es dañino. El 43% opina que los propios judíos tienen la culpa de ser perseguidos, mientras que el 54,5% cree que los judíos sólo se preocupan por sí mismos”.

Los migrantes no sólo son intolerantes con otras religiones: el 50% considera que la homosexualidad es un pecado castigable. El 44% de los entrevistados se declararon a favor de usar la violencia contra una mujer si ésta engañara a su marido. El 43% dijo también que los padres tienen derecho a emplear la violencia con sus hijos si es necesario”.

El estudio austriaco, recalca Bergman, no es el primero de este tipo que demuestra que los migrantes de Europa sostienen opiniones supremacistas, antisemitas y misóginas. “En 2016, el think tank alemán Hanns Seidel Foundation realizó un estudio con casi 800 migrantes de Siria, Irak, Afganistán y Eritrea en el estado alemán de Baviera. Este estudio mostró que las creencias patriarcales estaban muy extendidas entre los migrantes entrevistados, especialmente entre los migrantes de Afganistán y Eritrea —mayoritariamente no musulmanes—, de los cuales más del 60% opinaba que la mujer debe quedarse en casa. El antisemitismo también fue otra importante revelación del estudio, que mostraba que, con independencia de la edad y el nivel cultural, una mayoría de los migrantes sostenía creencias antisemitas. Bastante más del 50% de los sirios, iraquíes y afganos dijeron que ‘los judíos del mundo tienen demasiada influencia’”.

Otros estudios y encuestas revelan también el alto grado en que los musulmanes de Europa valoran la ley de la sharia frente a la ley nacional.
“Una encuesta realizada en Reino Unido de 2016 mostró que el 43% de los musulmanes británicos ‘consideraban que algunas partes del sistema legal islámico deberían reemplazar a la ley británica, mientras que sólo el 22% se opuso a la idea’. Otra encuesta, también realizada en 2016, reveló que casi una cuarta parte (23%) de los musulmanes estaba a favor de introducir la ley de la sharia en algunas áreas de Gran Bretaña, y que el 39% estaba de acuerdo en que ‘las esposas siempre deben obedecer a sus maridos’. Casi un tercio (31%) encontraba aceptable que un musulmán británico tuviese más de una esposa. Según la misma encuesta, el 52% del total de musulmanes británicos creen que la homosexualidad debería ser ilegal”.

Según un estudio de 2014 sobre los musulmanes marroquíes y turcos en Alemania, Francia, Países Bajos, Bélgica, Austria y Suecia, una media de casi el 60% de los musulmanes encuestados se mostraron a favor de que los musulmanes deberían volver a las raíces del islam; el 75% opinaba que sólo hay una interpretación posible del Corán y el 65% dijo que para ellos la sharia es más importante que las leyes del país en el que viven. Las cifras específicas de Alemania eran un 47% de musulmanes que consideran que la sharia es más importante que la ley alemana. En Suecia, el 52% de los musulmanes cree que la sharia es más importante que la ley sueca”.

Los estudios están corroborados por los informes de la inteligencia europea. En Alemania, los servicios de inteligencia advirtieron a principios de otoño de 2015: ‘Estamos importando extremismo islámico, antisemitismo árabe y conflictos étnicos entre otras poblaciones, así como una comprensión distinta de la sociedad y la ley”. Cuatro grandes agencias de seguridad europeas insistieron en que “las agencias de seguridad alemanas […] no estarán en condiciones de resolver estos problemas de seguridad importados y con ellos las reacciones que surjan de la población alemana”.

Difícilmente sorprenderá, explica Bergman, que los europeos hayan empezado a declarar que ya no se sienten seguros en sus propios países. Un reciente estudio belga, para el que se encuestó a 4.734 belgas, reveló que dos tercios sienten que su país está “cada vez más invadido”. Dos tercios de los ciudadanos dijeron que “hay demasiados inmigrantes en Bélgica”, mientras que el 77% dijo estar de acuerdo con la siguiente afirmación: “Ya no nos sentimos seguros en casa como antes [de la migración masiva]”. Según el 74% de los encuestados, el islam “no es una religión tolerante”, mientras que el 60% dijo que la presencia de tantos musulmanes en su país representaba una amenaza para su identidad. Sólo el 12% opinó que la religión es una “fuente de enriquecimiento” para Bélgica.

Para el estudio también se sondeó a 400 musulmanes belgas: el 33% dijo que “no les gusta la cultura occidental”, el 29% dijo que consideraba las leyes del islam superiores a la ley belga y el 34% dijo que “prefería definitivamente un sistema político inspirado por el Corán”. El estudio también reveló que el 59% de los musulmanes de Bélgica “condenaría” el matrimonio de sus hijos si optaran por casarse con no musulmanes. Significativamente, la respuesta de los investigadores responsables del estudio —la cadena pública RTFB, el periódico izquierdista Le Soir, el instituto de investigación sociológica Survey and Action y una fundación llamada This is Not a Crisis — fue que “habían observado el desarrollo de una verdadera paranoia antimusulmana [entre los belgas], que había adquirido una dimensión patológica”.

Ninguno de estos estudios, encuestas e informes de inteligencia parecen estar causando la menor impresión en los líderes europeos. En las palabras de Avramopolous, no basta con que los migrantes —en su mayoría musulmanes— que han venido a Europa ‘hayan encontrado seguridad en Europa’. Según él, ‘también tenemos que asegurarnos de que encuentren un hogar’”.

La pregunta que sigue sin respuesta —puesto que los líderes europeos pretenden hacer el islam grande otra vez en el continente— es:  dónde se supone que van a encontrar los europeos su hogar”.

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