EL TEATRO RUSO EN ORIENTE MEDIO… by Alfonso M. Becker

Los militares del Bolshói en Siria…

La creación artística de un entrañable y -a la vez- malvado enemigo no es algo nuevo ni en la política estadounidense ni en la rusa. Ni siquiera es un ardid inventado por Washington o el Kremlin para la gobernanza del planeta tras la Segunda Guerra Mundial, pues a sus autores intelectuales habría que buscarlos en Vauxhall Cross, en las orillas del Támesis, en los albores de un legendario servicio de inteligencia que pasaría a la Historia con mayúsculas a pesar de la decadencia inevitable de un tiempo imperial británico que amenazaba con venirse abajo; incluso con el colapso ya en la primera década del siglo XX… Las actividades de espionaje en Oriente Medio de aquellos inolvidables, Leonard Woolley, George Hogarth, Stewart Newcombe y T.E. Lawrence, bajo la apariencia de “inocentes” y encantadores arqueólogos del Ashmolean Museum of Art and Archaeology…

El “suave aterrizaje” de un imperio británico, cansado y exhausto, fue el gran invento de una exquisita corte de Londres para retirarse muy dignamente con su merecido botín en esta pelea de perros que es la geopolítica… Vauxhall Cross cedió los trastos globales a Washington cuando el recién creado Pentágono decidió terminar la mortífera guerra contra el Japón dando un ultimátum de rendición a Tokio con el lanzamiento de dos bombas nucleares… Es ese momento -y no en 1949- cuando Londres le indica a Washington que existe una sutil “fórmula” para gobernar el planeta sin que un imperio se desgaste como le ocurrió al británico. El Reino Unido no había sabido conservar el poder global, siendo algo tan sencillo…

El medio más práctico en la estrategia de dominio global solo tenía dos caminos en 1945, según Winston Churchill: un ataque nuclear a Moscú y acabar con el Ejército Rojo, asunto nada difícil aunque sí controvertido… O bien utilizar a los rusos como “contrapeso” para gobernar el planeta… El gran invento de la Guerra Fría era, sin lugar a dudas, la gran fábrica de sueños para un realismo político expresado en las afueras de Hollywood, fuera de los teatros alejado del centro de gravedad de la producción de espectáculo para el divertimento y la propaganda; una representación en la periferia de un nuevo imperio en el que los servicios de inteligencia competirían con Los Ángeles y Broadway por la producción y realización del más grande espectáculo jamás puesto en escena: la sociedad del espectáculo…

El backstage de la “nueva productora” eran los oscuros pasillos de la United States Intelligence Community, y el selecto público que asistía a los estrenos no podía ser otro que la élite política estadounidense, el stablishment de Capitol Hill… Imponer un statu quo global requería no solo las mejores fuerzas armadas del mundo, sino que además era necesario reescribir todos los guiones de la historia humana y perfeccionar el “último relato”… una narrativa por entregas digna de la genuina fábrica de sueños hollywoodense pero producida por los magos de Washington. No era el fin de la historia, el profesor Fukuyama se había equivocado. Era el comienzo de una narrativa que podría perdurar durante mil años…

La corrupción del espíritu crítico que pudre el cerebro mahometano en el comienzo del siglo XXI es vista por la cultura judeocristiana como la contrarrevolución del crimen abominable y del despreciable comportamiento asesino y medieval en nombre de la religión y de supuestos “purismos”… Si el moro, el persa y el turco tenían mala prensa, ahora su mala fama los hunde en el lodo de la miseria con pocas perspectivas de futuro. La vida cotidiana en la Unión Europea, en Israel y en los Estados Unidos ha sido alterada de tan grave forma que ha levantado toda una insurrección contra los asesinos mahometanos sin que ello signifique -aclara siempre el Pentágono- que se ha declarado una guerra contra el Islam… Tanto es así que los árabes moderados, los budistas japoneses, los cristianos ortodoxos rusos, evangelistas, protestantes, adventistas y cualquier bicho humano de este mundo, que rece, han decidido matar muchos mahometanos criminales hasta que el calificativo religioso no sea un signo de distinción… Hasta que el puto Califato desaparezca y sirva de aviso a la morralla mora…

El problema fundamental del mahometano es que, al no comprender en absoluto la sociedad en la que vive, está incapacitado para entender que Dios “había muerto” con el modernismo, los dirigentes políticos utilizan separación de poderes como herramienta de gobernanza y el Estado posmoderno no ha podido “enterrarlo” del todo… Pero sí ha separado para siempre todos los sectores de la vida; incluso los momentos privados de la cama sexual en los que la clerigalla islamista se ha inmiscuido hasta el grado de la náusea.

El discurso islamista es, para todas las demás culturas de la Tierra, asquerosamente misógino, violento, aburrido y alienado. Solo Saudi Arabia ha sido capaz de reconocer que el aburrimiento es siempre contrarrevolucionario. Y eso es muy peligroso para el islam… Solo Riyadh, a pesar del enorme lastre de su wahabismo, ha comprendido la necesaria reinterpretación del Islam… Porque el Islam hoy es un cuchillo sin mango que corta tu propia mano, un suicidio; y los saudíes son los únicos preparados para el cambio, y para una nueva empuñadura…

En la gran teoría de los momentos cotidianos del “aburrido” Lefebvre, los moros, los turcos y los persas, es decir, los musulmanes ni siquiera existen como masa proletaria… sino como gente desplazada de la periferia incapaz de entender el espacio o el tiempo; mucho menos el momento situacionista que se vivía en Europa… La única construcción que entiende el moro, por aquellos días, es el terrorismo musulmán y la “izquierda” que ahora es atacada y asesinada en las calles de la Unión Europea, elevó a la categoría de héroes a los asesinos mahometanos… Curiosa paradoja que hace a Europa, maldita para su oscuro futuro…

A la hora de “fabricar” enemigos en la sociedad del espectáculo que estamos viviendo o si quieren padeciendo, los “magos” de la inteligencia judeocristiana no suelen ser muy brillantes… Quizás el crimen fundacional de todo exorcismo sea el que produce extravagantes personajes como el gran John McCain, senador estadounidense que llamó a gritos “ruso traidor” a un compañero de la Cámara de Representantes; se dice que lo siguió hasta la calle llamándolo “bolchevique bastardo” e “hijo de perra moscovita”… Debe entenderse la vida de ocio de la clase dominante como un espectáculo sin fin para consumo de cadáveres intelectuales del periodismo capitalino. También para lectura amarilla o cilicio de mortificación para la chusma…

TEXTO COMPLETO PINCHANDO ENLACE SIGUIENTE:

http://www.diariohispaniola.com/noticia/31893/los-militares-del-bolshoi-en-siria.html

 

Alfonso M. Becker © copyright (Todos los derechos reservados)

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