NADA MÁS REVOLUCIONARIO QUE EL LENGUAJE POÉTICO

Espectáculo político y palabras

A usted que ha sentido las ardientes mordeduras de las balas, de la metralla, y ha oído el sonido aterrador e inolvidable de las granadas, le saludo señor como a un compañero de combate” Daniel Ken Inouye

Los siglos XIX y XX fueron escrupulosamente respetuosos con la política internacional… Se puede anunciar así, sin correr el riesgo de meter la pata en exceso, ya que fantasía y realidad no solo tenían campos semánticos distintos desde el punto de vista filosófico sino que además (tanto en el diecinueve como en el veinte) la política era tratada como algo serio que afecta a los seres humanos sobremanera; tan serio como Aristóteles o Platón, o como todos esos relatos de la Historia en la que los heroicos y poderosos políticos de la élite alcanzaron fama y gloria eterna gobernando a esos malditos bastardos de la plebe y de la chusma, llenos de piojos, de mugre y de mierda, vulgarmente conocidos como ciudadanos…

Y si usted quería contar un chiste para demostrar su ingenio, o para hacerse el gracioso en la taberna, pues, tenía usted a mano la asignatura de economía aplicada a los pobres de solemnidad, a los desgraciados de este mundo y a los desposeídos en general; o podía optar por la rama del saber más tentadora: la de sexología en la que, incluso, se podía permitir el lujo de alardear de habilidoso en la cama ante esa mujer que besa con lujuria la jarra de cerveza, al final de la barra, y soñar con una noche apoteósica de sexo hiperbólico cuando el paquete ya no aguanta más, aprisionado en los calzoncillos… Esto es así y no lo puedo escribir de otra manera porque no me da la gana…

Todos los fantasmas de la genial y levantisca escuela del situacionismo revolucionario me vigilan de cerca en este artículo en el que quiero rendir homenaje a toda mi promoción no de la universidad, sino de la calle, con admiración, cariño y devoción; a mis amigos entrañables de las correrías por los puestos de patatas fritas y por las tabernas, esos que se fueron sin avisar, aquellos a los que quitaron de en medio, esos que no tenían nada que ver ni con la medicina ni con la sanidad; los compañeros del Instituto con los que brindé por la revuelta permanente para luego, al final, conseguir nada… Estábamos vinculados a la subversión por nuestro amor la literatura.

Éramos jóvenes y guapos, tremendamente interesantes para las mujeres porque ellas compartían con nosotros la misma excitación provocada por el discurso irreverente que incitaba al amotinamiento momentáneo de la retórica para exigir derechos, para acabar luego atrincherados en un bar, con cierta alegría etílica que ruborizaba ante las poderosas y hermosas féminas; los ojos de una mujer bonita con la mirada perdida por el deseo. La gran oportunidad de contemplar la noche como simples poetas muertos de hambre y despertar en camas anónimas con una chica a la que no conocías, a la que no habías visto en tu vida. Una chica que nadie te presentó… Deslumbrante luna que ofusca la vista. Alumno inesperado de filosofía del amor…

Todos esos recuerdos quiméricos con fundamentos… La vida de joven vivida en el pasado que ya nunca vuelve. Pero esos fabulosos fantasmas que fueron mis mejores amigos, se revolverían en su tumba si no levanto una jarra de cerveza por ellos; por los que quisieron cambiar el paisaje urbano del capitalismo salvaje, sus grandes avenidas, y sus aberrantes autopistas; brindar por los pequeños barrios de siempre, con sus entrañables tabernas, las pequeñas tiendas donde se vendía de todo, los restaurantes especializados en una o dos comidas, los locales de Jazz y las salas de cine… Esos barrios que olían a vino de todas las denominaciones de origen en los que éramos espectadores de primera fila, de una liberación femenina que nos abrazaba y acariciaba como si fuésemos los muñecos que tenían cuando eran niñas.

Huevos fritos con pollo en salsa de tomate… Dios mio… qué cosa más sabrosa con pan recién hecho y no la porquería que venden ahora… y un litro de vino tinto, que no valdría más de un dólar de esta época, para un almuerzo espectacular que te convertía en el rey del mundo sin que un estúpido MasterChef contaminara el verdadero teatro del mundo; el insolente y desvergonzado espectáculo de la verdad: la violenta antesala de la revolución. El talent show éramos nosotros… y no un tarado intelectual intentando pintar un “picasso” en un maldito plato o coronar una albóndiga con una ramita de yerbabuena… Y que esa chorrada signifique algo…

Nos señalaban los niñatos del establishment como los pioneros en España explicando el gran circo de la política. ¡Ay de aquél, de entre las “juventudes” ladronas, que osara llevarnos la contraria! La mofa, la burla y el escarnio los acribillaba… y lo que era peor: las mujeres lo abandonaban y se venían con nosotros. Se asustaban los cachorros de la política porque decíamos cosas que no entendían… Llamábamos payasos a sus padres y a sus arrogantes líderes. Sabíamos explicar, perfectamente, el despliegue de toda una carpa mediática como unidad real que gestionaba el sistema socio-económico para engatusar al rebaño… Fuimos testigos de cómo marcaban a todas las reses… Ahora solo podemos decir, pasen y vean…

TEXTO COMPLETO PINCHANDO ENLACE SIGUIENTE:

http://www.diariohispaniola.com/noticia/31222/punto-de-mira/espectaculo-politico-y-palabras-.html

Alfonso M. Becker © copyright (Todos los derechos reservados)

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