EL GRAN DONALD: EN LA CÚSPIDE DEL SURREALISMO

En la cúspide del surrealismo

La escasa atención prestada al hombre lobo es una muestra evidente de que las grandes mentiras para infundir miedo ya han acostumbrado a la población y es conveniente más creatividad en los políticos para aterrorizar a la ciudadanía” Jonathan Swift

Para desgracia de los Estados Unidos, sus dos periódicos más relevantes, The Washington Post y The New York Times, comienzan a parecerse a Le Père Duchesne… Perderse por la selva de la geopolítica puede parecer banal y nada interesante pues cualquier periodista idiota e indocumentado mete la pata hasta la ingle. Requiere solamente ignorancia en filosofía política y una cierta dosis de mala leche a la hora de señalar a los rusos como el enemigo acérrimo y no tener las mismas agallas para señalar, de la misma forma, cuando de asesinos islámicos se trata…

El imperio americano enarbola la antorcha del protagonismo colocando a sus actores sobre el escenario sin preocupación alguna por explicar el reparto de los personajes. Steve Bannon, maestro de ceremonias en el gran espectáculo político, ya ha dejado bien claro que se explican solos… La sola elección de Donald Trump es el más grande de los actos surrealistas desde la publicación parisina del Grand Jeu, un cuarto de hora antes del Crac de 1929… al fin y al cabo, la crisis económica provocada por la caída del mercado de valores es la misma que la de ahora: un desencanto político sin precedentes y una depresión involutiva de los valores morales.

Desde el momento en que los servicios de inteligencia y -en cierto modo- también los think tank de tu país, de indudable confianza y patriotismo, te dicen “aquellos son nuestros enemigos y estos son nuestros aliados”, el periodista de infantería (léase periodista de a pie y con menos neuronas que un mosquito), bajo el influjo de una suerte de revelación, lo tiene muy claro y se cree un napoleón en el campo de batalla y maquiavelo en el sillón de su casa…

Pero lo que está ocurriendo ahora en el corazón del imperio es exactamente lo mismo que en París durante la Revolución francesa: los insoportables intelectualoides que enarbolan el lenguaje dominante creen que pueden poner y quitar presidentes a gusto de algunos payasos del Senado respaldados por los gigantes mediáticos capitalinos, vejestorios achacosos a los que le quedan tres afeitados y no soportan pasar desapercibidos; que en política washingtoniana es como ya estar muerto…

El Viejo Duchesne era el más radical, extremista y peligroso panfleto jamás escrito y durante la Revolución francesa, si ese periódico te señalaba como enemigo del pueblo, en 24 horas te pasaban por la guillotina… Fuera quien fueses… No había nadie que pudiera salvarte. Esos periódicos que eran la guía espiritual de los tarados intelectuales de la época, se “guiaban” por Le Père Duchesne y así todos los periodistas se convertían, de la noche a la mañana, en linchadores profesionales, en perturbados y asesinos que recorrían las calles para detener a “contrarrevolucionarios” y así proveer de carne fresca a la cuchilla revolucionaria.

Para escarnio de los sabelotodos de hoy, no había nada más populista en el planeta que segar cabezas de reyes, banqueros y millonarios comerciantes, a pesar de que era una revolución burguesa… En realidad, en aquella orgía de violencia y crímenes, lo único que triunfaba, al igual que hoy, era la insoportable y maloliente letanía sobre levantar muros y tender puentes, desde los despachos oficiales y desde los púlpitos del Vaticano… El fétido regreso triunfal en Francia de los tontos útiles del islamismo como Emmanuel Macron, y el colmo de la desgracia para la Unión Europea si la chusma manejable elige, de nuevo, a la canciller alemana Angela Merkel…

El mefítico discurso de la bondad aparente y del amor divino por todos los desposeídos del planeta, ya huele a guerra devastadora porque el enemigo sabe que Occidente se cae a pedazos… Todo eso se puede aguantar. Pero… para que los columnistas más “enchufados” y repugnantes de la élite de Capitol Hill se pierdan, ellos mismos, en el pantano de la bajeza llamando “puta” a la Primera Dama estadounidense, Melania Trump, o “retrasado mental” al presidente americano, se requiere una patente de corso que solo puede otorgar alguien con un poder superior al United States Secretary of Homeland Security… Tiene que haber alguien entre la élite de Washington tan poderoso como para señalar como prostituta a la Primera Dama norteamericana y llamar descerebrado al presidente de su país… y que le salga gratis…

Hierve la sangre como a las almas errantes cuando estamos obligados a levantar la bandera judeocristiana de la revolución. Por primera vez en el siglo XX, concretamente hacia la mitad de la centuria y sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial, comprendimos que a los moros, a los turcos y a los persas, se les vence a fuerza de sangre y de fuego hasta que se arrastren por el suelo pidiendo clemencia… Sabemos que el moro miente, que el moro es asesino y traidor; y que tras el saqueo de Constantinopla en 1453, los turcos, los persas y los árabes musulmanes, abrieron las puertas de Europa y derribaron las murallas de la cristiandad con el único propósito de exterminarnos… ¿Cómo es posible que esa forma de pensar y ese execrable objetivo musulmán, sea tolerado también en la segunda década del siglo XXI?

¿Cómo es posible que el país más poderoso de la tierra agache la cabeza cuando un degenerado asesino turco (así llaman a Erdogan en su país por haber asesinado a más de 400 muchachos que servían en el ejército el día del golpe) amenaza a los Estados Unidos y a la OTAN con matar americanos y aliados europeos en Siria? … ¿Cómo se puede llamar a una Europa que es amenazada por un asesino mahometano con el envío de diez mil yihadistas para que comentan atentados en la Unión Europea? Si se supone que Turquía es un buen aliado para los tiempos de guerra que corren… ¿Cómo serán los demás enemigos musulmanes?

Por lo visto, al establishment estadounidense le da vergüenza reconocer que ha llegado la hora de matar a los moros por miles y quiere pasar desapercibido incluso entre los aliados europeos. Pretende el Pentágono matar a hurtadillas poniendo en escena la más grande representación teatral de los últimos 25 años: destruir a moros y persas sin que parezca que el Pentágono tiene botas en Oriente Medio. Al que le guste la geopolítica espectacular, desde luego, solo le esperan grandes satisfacciones intelectuales en el terreno de la continuación de la diplomacia por otros medios…

TEXTO COMPLETO PINCHANDO ENLACE SIGUIENTE:

http://www.diariohispaniola.com/noticia/30427/punto-de-mira/en-la-cuspide-del-surrealismo-.html

Alfonso M. Becker © copyright (Todos los derechos reservados)

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