LA CHICA DEL CABO DE GATA… by Alfonso M. Becker

PORTADA-LA CHICA DEL CABO DE GATA

Luisa María (1957-2016)

Belleza que contemplan los ojos, ya no muere”John Greenleaf Whittier

Lienzo de :Alfonso M. BeckerAdiós a la juventud. Adiós al paraguas inservible… Qué tristeza, qué solo estaba, y que solo me he quedado… Yo viajaba a regiones nuevas donde la tierra tenía otros colores, la luz rebosaba por todos los sitios y me parecia, más bien, un territorio en el que nunca llovía. Así que pensé que podía ahorrarme un dinero en paraguas hasta que una viejita de un pueblo de Almería me dijo que allí se utilizaban de quitasol porque allí, en pleno desierto, si llovía, llovían cinco minutos al año … Podías tener un paraguas, por tenerlo como los británicos… O utilizarlo de sombrilla como las que llevan las mujeres finolis de Madrid cuando van en verano a San Sebastián. Sin embargo, a mí me parecían vulgares paraguas y nunca encontré esas sombrillas con estrafalarios colores que regala el merchandising sino solo paraguas negros. La ancianita insistió en que ese era precisamente su encanto. Servía para el verano y para el invierno, por el mismo precio… Aunque llueva un solo día al año, un paraguas es un paraguas… ¿Pero a qué gente le importa mojarse un par de segundos de un solo día al año?

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Por aquellos días, recién llegado de la República Federal Alemana (BRD), a la mitad de la década de los setenta, la soledad me abrumaba pero nunca me amilanaba porque uno siempre encuentra a alguien con quien hablar cuando es joven y despliega, con cierto arte, todo su desparpajo. Mi novia me había dejado, hacía pocas semanas, para irse con otro a las montañas nevadas y no me parecía nada interesante repetir la experiencia con una mujer de la costa que suelen ser más frívolas que las del interior… Porque en la costa las mujeres van en bikini por todos sitios y a mí me gustaba verlas pero cuando las veía mover sus hermosos culos y presumir de su extraordinario tipo, se me revolvía el estómago porque me acordaba de mi novia. Nunca sabe uno lo que pasa por una cabeza cuando ocurre un desengaño… hasta que ocurre.

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Pasaron los días y no me faltaban amigas ni en el trabajo ni en la taberna del americano donde me tomaba una cerveza, de vez en cuando. El Buffalo Salom era el encuentro con mis amigas. Era la gran oportunidad para el amor… Intimé con algunas y ninguna me pareció interesante. Aquello de ser tan joven no es tan importante ni significativo como algunos creen en eso del aquí te pillo y aquí te mato… Entre otras cosas porque cuando eres joven no sabes medir, realmente, lo joven que eres para esas cosas. Ocurre y punto… Pero no era lo mío, la verdad. Lo que podría significar que buscaba algún tipo de mujer. ¿Qué tipo de mujer se puede buscar y para qué? Se solía decir por entonces: “pues una buena mujer”… Aunque yo no sabía lo que quería ni tenía el menor interés en buscarlo. alfonso-m-becker-y-su-esposa

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¿Qué es verdaderamente una buena mujer? Y pensaba cinco segundos en mi ex novia y otra vez se me revolvía el estómago… Mi maldita prometida sevillana se metía entre ceja y ceja y la cara de desgraciado que se te pone ante el espejo es un claro aviso de que las frivolidades amorosas no traen nada bueno… Qué poco digestivos son los cuernos… qué mal se llevan… O quizás era demasiado joven y no sabía separar con verdadera poesía lo que era sexo de lo que era amor… Aunque debería confesar ahora que nunca lo tuve muy claro y que me daba igual porque comenzaba a tener otras preocupaciones en mi cabeza que fueron, precisamente, ocupando el sitio de la que era mi novia y su imagen se fue borrando, o más bien distorsionando hasta que su apariencia en mis recuerdos era la de una… no sé que decir, la verdad… pero quizás valga para mí que era una veleidosa sensual que no me amaba tanto como yo suponía. No se puede querer a alguien y hacerle eso… No se pueden ustedes imaginar la pena que se siente por uno mismo cuando la mujer de tu corazón te desprecia.

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¿Cómo puede ser uno tan estúpido como para creerse el centro del cosmos para una mujer? Qué manera de sufrir por lo que bien pudiera ser una golfa y uno no se dé cuenta… Ahora que lo pienso me pregunto cómo podía pasarme eso habiendo tantas mujeres disponibles en este mundo no solo para los guapos sino para todo el mundo. Para la gente normal y corriente como yo. Pues la respuesta es bien sencilla: estaba enamorado y solo tenía ojos para ella; sueños y proyectos con ella… En todo horizonte y en todo futuro, estaba ella. Hay que ser estúpido… Bueno, simplemente estaba enamorado. Lo estuve. Alguna que otra vez la vi por Sevilla y no sentí nada por esa mujer. ¿Cómo es posible? Me impresionó ese sentimiento.

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Entonces apareció Luisa María… y me persiguió y me acosó para que me quedara bien claro que la seducción es encantamiento; para que la mirara al pasar, para que me fijara bien en ella y para que no la olvidara. Era guapísima y con una carga erótica fuera de lo común. Era muy jovencilla y se hacía la “moderna” para que no pensara de ella que era una provinciana sin clase. Era un ejemplo de “libro” de chica erótica que se abandonaba a la dulzura prolongada que solo pueden ofrecer las mujeres de la costa que están desterradas de la tiranía del reloj… Me la encontraba de día y de noche, y -estúpido de mí- creí que era casualidad, y me llevó una semana comprobar que me buscaba y me seguía por todos sitios… Ahora creo que Dios me la envió como bálsamo y alivio a los dolores provocados por el desprecio del que fui objeto por esa primera novia que me engañó… Pero yo iba con cuidado porque estaba seguro de que todas las mujeres engañan… Malditas mujeres de la costa, siempre moviendo su culo con minúsculo bikini…

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Y cuando dejé mi camino para ir por el suyo me dijo que tenía novio… ¡Hostias! Otra puñalada en la barriga… ¿Pero qué juego era ese? Bueno… solo fue un susto. Dejó al novio. Yo no sabía el porqué una mujer tan guapa se había fijado en un tipo tan desgraciado como yo… Así que como estaba con la mosca detrás de la oreja se lo pregunté y ella me respondió, lentamente, no tuvo que emplearse con el lenguaje, pausadamente, un día detrás de otro, me buscaba, siempre me encontraba y me acostumbré a ella. Me quería. Eso deseaba yo creer. Eso me decía ella. Decía que solo pensaba en mí. De día y de noche. Esa era la respuesta… Seguramente me atrapó con palabras demasiado simples como para que me parecieran engaños… Esa era su capacidad de seducción. Todavía suena en mi cabeza el susurro lejano de aquel agradable deseo de continuidad en Las Salinas… Ella no había terminado su carrera de enfermera. Hacía sus prácticas en un hospital de la costa. La Bola Azul… Así lo llamaban la gente sencilla.

TEXTO COMPLETO PINCHANDO ENLACE SIGUIENTE:

http://www.miamidiario.com/opinion/alfonso-m-becker/luisa-maria/luisa-maria-rico/in-memorian/358654

Alfonso M. Becker © copyright (Todos los derechos reservados)

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