SUBLIME EXPERIENCIA SEXUAL… by Alfonso M. Becker

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Experiencia sexual indescriptible…

ALFONSO M. BECKER (miamidiario.com)

Se le suele llamar amor sensual por no llamarlo amor ardiente y desquiciado. Es posible que sea porque la gente de lenguaje políticamente correcto es muy timorata a la hora de llamar a las cosas por su nombre. Pero se podría decir que es amor sexual a secas… Sexo, simplemente sexo… algo que no nos distinguiría mucho de los perros que se aparean por la calle. ¿Pero eso es amor? ¿Ama de verdad un perro a una perra? ¿Está dispuesto a tener perritos con ella, fundar una familia y pagar una hipoteca? Y la perra… ¿Qué me dicen de la perra? ¿Está enamorada del perro? ¿Lo quiere y le será fiel hasta que la muerte los separe o es uno más de los perros que la montan? ¿Qué es todo esto? ¿Puede una mujer ser un puñetero animal que solo busca espermatozoides para perpetuar la especie? ¿Y qué explicación podemos darle si lo que esa mujer busca no es perpetuar la especie sino volverse loca de placer con los perros que copulan con ella? Quizás amor calenturiento no sea lo más adecuado porque suele presentar a la mujer como una golfa con propensión excesiva a disfrutar de los placeres de los sentidos. Puta… lo que se dice puta, no es correcto llamarla porque, en principio, no hay intención de intercambiar sexo por dinero…

Otra cosa que podría preguntarse uno es por qué una gata se aparea con cinco gatos a la vez en un tejado de acero galvanizado calentado por el sol ardiente del verano… Sexo en grupo… Dios Santo… ¿Sabe la mayoría de la gente lo que es una orgía de felinos domésticos? ¿Han visto alguna vez la cara de la gata mientras media docena de gatos machos la rodea para que no escape hasta que todos sacien su apetito sexual? ¿Han oído alguna vez los gritos y alaridos de placer de una gata cuando, uno detrás de otro, la muerden en el cuello para inmovilizarla y tratar de fecundarla salvajemente?…

No le cabía duda de que todo eso era muy interesante para conocer a las mujeres. Quizás porque había decidido que ya era hora de casarse, Armando Paz, deseaba conocer a la mujer adecuada de entre las que a él le gustaban a primera vista… Reflexionaba sobre todas estas cosas. Le daba vueltas a la cabeza sobre el asunto del amor y del sexo en los tiempos que corren… y comentaba con sus pocos y elegidos amigos, lo que se suele comentar entre hombres que buscan la mujer ideal. Dicen que la belleza de una mujer debe medirse por la sensualidad que irradia su naturaleza pero había que tener cuidado y no confundir la estética que su cuerpo, como anatomía femenina, representa…

Frederique Femme Fatale, de origen francés, trabajaba en la sección inmobiliaria del Central Bank of Miami, era la encargada de asesorar a los clientes en la compra de viviendas propiedad de la entidad bancaria para la que trabajaba. La adquisición de propiedad horizontal y vertical estaba por los cielos en Miami. Era un auténtico boom inmobiliario lo que se estaba viviendo en todo el Estado y ella parecía que lo tenía muy fácil… Los resultados y las cuentas hablaban por sí solas. Vendía pisos, apartamentos, casas con jardín y locales comerciales como si fuesen pipas y caramelos para niños… Los compañeros de la oficina que se atrevían con proposiciones de salir o conocerla mejor… lo tenían muy claro: Frederique era inaccesible para cualquier “pringao” muerto de hambre porque no solo era guapa y hermosa sino que además era poseedora de un atractivo sexual superlativo. Aunque sabían que era soltera y no se le conocía ni acompañante asiduo, ni novio ni nada, todos intuían que ella buscaba algo grande y especial en lo que respecta a hombres. Sus compañeras la conocían mejor y entendían perfectamente que ninguna podía competir con Frederique a la hora de casarse, por ejemplo, con un millonario… porque ella no era una mujer para cualquiera. Esa iba a por un millonario… O quizás no, porque se le veían maneras muy secas y cortantes. Ni parecía una devoradora de hombres, ni la clásica muñequita sexual para pescar un hombre rico…

Armando vivía prácticamente en su oficina, en un rascacielos de Miami Beach. Era experto en inversiones para ganar dinero en cualquier punto del planeta y WallStreet era un quiosco de mala muerte comparado con su despacho. Una antena parabólica en la azotea del edificio lo conectaba, cuando él quisiera, con cualquier parte del mundo, con cualquier político del planeta, con la estación espacial o con la sonda Curiosity de Marte… pero le faltaba algo… tenía la necesidad de conocer a la mujer adecuada que lo hiciera feliz. Y se puso manos a la obra porque tenía cuarenta años y solo había conocido pendonas y mujeres de mal vivir. Así que en cuanto vio a esa empleada salir del banco, no pudo resistir la tentación de conocerla mejor.

TEXTO COMPLETO PINCHANDO ENLACE SIGUIENTE:

http://www.miamidiario.com/opinion/sexo/cuento/robo/alfonso-m-becker/342773

Alfonso M. Becker © copyright (Todos los derechos reservados)

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