A mi profesor de Literatura (IN MEMORIAM) by Alfonso M. Becker

Escribo porque me da la gana... no hay razón más poética-  writeintheglobaljungle.com –

Y si esto te parece subido de tono, la próxima vez tiraré a dar…

 

Escribo porque me da la gana… no hay razón más poética…”

Alfonso M. BeckerEscribo porque me da la gana... no hay razón más poética-  writeintheglobaljungle.com –  1

 

-EN MEMORIA DE MI PROFESOR DE LITERATURA-

A pesar de que lleva muerto más de dos mil trescientos sesenta años, Platón, no ha parado en todos estos siglos de recordarnos que la maldad es la condición negativa atribuida a la más baja expresión de ser humano carente de moral. No deja de ser curioso que referido a los individuos reconocidos fácilmente como malos, haya un consenso universal en calificarlos como la peor ralea de personas desprovistas de sentido moral, bondad, amistad, solidaridad o caridad. Sin embargo, dicho sobre una obra humana, especialmente artística, se suele matizar, desde la Grecia antigua, que hay obras de arte cuyo propósito principal es prescindir del fin moral.

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Como ven, una cosa es el hombre y otra bien distinta es el objeto artístico creado por esa prodigiosa capacidad para pensar gracias al encéfalo que Dios y la madre naturaleza han colocado en esa suerte de baúl de los recuerdos craneano para que nos identifique como seres únicos e irrepetibles. Es sobre todo en la literatura donde el amoralismo se utiliza sin contemplaciones como estilo poético y desde el punto de vista filosófico. Ese alarde de valor y creatividad, en el noble arte de escribir frente a las reglas o normas por las que se rige el comportamiento o la conducta en relación a las costumbres variopintas desplegadas en este miserable mundo, es sin lugar a dudas lo que distingue a un escritor de un aficionado a escribir.

Respecto a alguien que ni siquiera esté capacitado para entender esto, me presto con gusto a descender desde la atalaya de mis conocimientos para explicarle que hay médicos en el sistema sanitario público que son, precisamente, un “peligro público” porque carecen de conocimientos, habilidades y arte, para ejercer su profesión. La corrupción no solo se ha extendido a la clase política pues los tentáculos de esa “casta” (vocablo despectivo muy al uso hoy)  naturalmente alcanzan también  a los hospitales.  El nepotismo no es otra cosa que la preferencia que tienen los políticos para dar empleo a los familiares o amigos sin importarles las capacidades científicas, especializaciones o habilidades en el arte de la medicina.

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Para ellos ni siquiera tiene importancia alguna la actualización periódica de conocimientos y continuos estudios en una profesión médica en la que los medios de diagnóstico quedan anticuados y obsoletos cada cinco años y los procedimientos quirúrgicos y médicos cambian a una velocidad de vértigo. La misma velocidad a la que cambian los sistemas informáticos y toda la cacharrería de alta tecnología. ¿Se ha preguntado alguna vez, ese sargento patatero con galones, quién le hará un diagnóstico certero o quién lo operará la próxima vez? Espero que la ansiedad no lo mate pero también espero que cuando manifieste alguna duda le paguen con la misma moneda: su médico tiene galones y va de altruista por la vida.… Así que a partir de ahora tendrá que tragar saliva pues, incluso saltándose a la torera todos los protocolos de actuación, cualquier “galoneado” de la medicina pública lo puede mandar al otro mundo argumentando científicamente “efecto adverso” o daño colateral…  Una simple cuestión de estadística.Escribo porque me da la gana... no hay razón más poética-  writeintheglobaljungle.com –  2

Pero el individuo malvado es el perfecto ejemplo de inmoral. La gente común -en este mundo y en esta vida  que se rigen hoy por las leyes del espectáculo-   es incapaz de distinguir a un idiota inculto, sin formación alguna para enseñar, y sin capacidades para transmitir conocimientos en la escuela a sus alumnos. Lo que quiero explicar con esto es que la corrupción y todas las males artes han alcanzado ya las más altas cotas de la perversión profesional en todas las áreas laborales, en todos los sitios de interés teórico y en todos los entes públicos. Deben saber que ese idiota galoneado que suele vivir del “parecer” se encuentra medrando por todas partes. Afortunadamente los jefes de servicios médicos o los directores de centros de enseñanza, los detectan y procuran colocarlos en los llamados “puntos no sensibles” del entramado sanitario o educativo a fin de que no ocurra una desgracia o el inepto sea el artífice del mayor de los despropósitos. Desgraciadamente, no pueden ser despedidos como en una empresa privada porque se han valido de la corrupción generalizada para obtener un empleo vitalicio en el entramado público. Cualquier empresario que se precie, se deshace inmediatamente de todo aquel contratado que perjudica a la empresa y que puede llegar incluso a arruinarla. En la cosa pública no se puede…

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Ese mezquino y avariento sujeto con respecto a los que le rodean, ese  “muy malo”, el perverso, el inclinado a la maldad, no sabe distinguir entre ser y parecer. Ante la posibilidad de ser un honesto periodista y tratar de convertirse en un buen escritor, no tiene otro camino que el de la apariencia. Tiene que aparentar que sabe escribir porque para eso tiene galones… y eso lo mata  porque el concepto de aparentar está ligado al de ser. Pero lo que en realidad le envenena la sangre es la envidia. No soporta la genialidad y la maestría del otro, su manera de escribir o de hablar, el peculiar estilo de un escritor u orador.  Una persona puede fácilmente aparentar ser algo que realmente no es. Se puede comprar un traje en el sastre de tres mil dólares y puede parecer un marqués aunque sea un muerto de hambre como es el caso del galoneado,  pero cuando se aparenta algo que no se es, se determina otra forma de ser, y es la de ser en apariencia…

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Sin embargo, aparentar ser un buen periodista o escritor es imposible porque el único “traje” que existe para ello es la obra de arte y el reconocimiento de esta obra por los demás. Sobre todo de los lectores y del periódico que te contrata. Esta forma de ser del malvado y maldito envidioso no implica, en forma alguna, un existir como escritor pues al ser todo apariencia, tan solo está en la mente perversa y diabólica de la persona que cree y está convencida que este modo de ser existe… En sus cantos poéticos, Giacomo Leopardi, nos advierte de esos individuos y nos sugiere confiar en los que se esfuerzan por ser amados y nunca en los que sólo procuran parecer amables… El erudito napolitano sabía distinguir perfectamente entre un vulgar gacetillero y un periodista pero muchas veces le dijo a su gran amigo Antonio Ranieri que para escapar de la duda siempre busque al escritor o al poeta. Sentía  Leopardi un profundo desprecio por los farsantes progresistas y sus falsos consuelos, esos que son ahora los conocidos como socialdemócratas…

Pero sin dejar de señalar a esa “sabandija” de apariencia humana que es el malo;  el que carece de afecto natural por sus amigos, vecinos o entorno, incluso familiares, compañeros de trabajo y de todo aquel que le rodea; el sujeto de las maldades sigue actuando con maldad para poder medrar en el sentido despectivo del término pues el “malo” no evoluciona como un ser vivo normal, no crece como ser humano; el individuo cargado de maldad es siempre un sujeto con limitaciones intelectuales evidentes y palpables que utiliza todo el tiempo de su vida en mejorar su fortuna, al precio que sea,  aumentando sus bienes, condecoraciones, “galones” y una absurda reputación elaborada por su empobrecido ego que, curiosamente, nadie reconoce ni tiene en consideración; sencillamente porque estamos ante un idiota reconocido, un corto de entendimiento que carece de toda instrucción, un tonto peligroso; porque el medrador es el arquetipo de individuo de apariencia amable que actúa como un depredador emboscado especializado en el uso de artimañas para aprovecharse de las circunstancias.  Escribo porque me da la gana... no hay razón más poética-  writeintheglobaljungle.com –  3

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Del “malo” o del corrupto  -desde Platón hasta nuestros días- no hay opinión benévola, ni prestigio, ni estima en la que son tenidos los hombres buenos porque estamos ante un notable traidor que siempre interviene con medios hábiles y arteros en la política, en el mercadeo o en la información, distorsionando la verdad o la justicia y siempre al servicio de sus interese particulares… Uno de los rasgos más curiosos del problema ontológico es su simplicidad. Puede formularse (de hecho así se hizo en la España fascista)  en dos monosílabos castellanos: «¿Qué es?». Puede además responderse en una sola palabra: «Periodista», y todos aceptarán esta respuesta como verdadera. Sin embargo, esto es sólo decir que hay lo que hay…  Se abre pues un amplio abanico y queda lugar para disentir del parecer o de la conducta de un individuo que se jacta de tener “galones”. Queda lugar para discrepancias en casos particulares; y así la cuestión ha persistido a través de los siglos respecto a qué es un periodista y a esa tragedia, hoy,  que “relata” la enfermedad y hasta la muerte y enterramiento del periodismo.

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Algunos prominentes profesores de periodismo ya no saben contra quién disparar desde el púlpito de sus facultades porque saben que son los escritores los que periódicamente han salvado al periodismo de ese estatalismo y nomenklatura que tradicionalmente han instaurado las dictaduras más aberrantes para acreditar a sus propagandistas. Quizás por eso ahora se “dispara” sobre esa suerte de “periodismo ciudadano” que surge con la libertad de los ciudadanos de expresarse en la red. Un grave error a mi juicio llamar periodistas a los que se expresan en un blog como el que pintarrajea las paredes de la ciudad… Cuando un profesor de periodistas inventa este tipo de “enemigos”,  flaco favor hace a sus alumnos  en una sociedad que ya solo necesita “voceros” profesionales para los organismos estatales de una arquitectura política con claro signo de miniaturización ante la superestructura económica global en ciernes. Escribo porque me da la gana... no hay razón más poética-  writeintheglobaljungle.com –  4

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Sus menos aventajados alumnos, galoneados, se dedican ahora a criticar a los blogueros, repitiendo como cotorras y señalando como idiotas a un supuesto “enemigo” exterior que en realidad tienen dentro de sus propias facultades y escuelas de periodismo: en la arquitectura de los medios de comunicación de masas, que un paradigma sea elevado a objeto de reflexión, es a menudo una clara señal de su hundimiento… Quizás la empresa privada sea una de las pocas salidas que se ofrecen a los cientos de miles de periodistas en paro. De hecho, famosos periodistas han abandonado  periódicos y hasta suculentos contratos televisivos para ofrecer sus servicios a empresas multinacionales.

El impresentable artículo de este inculto idiota con galones no se diferencia en nada de los blogueros a los que critica y rechaza de plano. O quizás sí. Se diferencia en que ni siquiera alcanza la condición de un texto profesional que es lo mínimo que se le pide a un tardoperiodista novato con graves carencias intelectuales como signo de “distinción” ante la chusma grafitera que puebla internet… A fuerza de escribir gilipolleces, el pobre indocumentado, ha perdido la respetabilidad que que comúnmente se le otorga a quien demuestra un descabellado esfuerzo por convertirse en “virus”…  Piensa que puede meterse con cualquiera y salir indemne. Cree, el muy idiota, que le saldrá gratis… Parece que nadie le ha explicado que el que se expresa en un periódico de prestigio es otra cosa… Cuando sus artículos se publican en muchas partes del mundo y en muchos idiomas, es otra cosa…  Nadie le ha advertido que esto de escribir es algo muy serio y que requiere de mucho conocimiento. Ni siquiera su “troupe” de palmeros de circo, le ha hecho ver que proteger a los corruptos porque son de su partido y atacar a la juez Mercedes Alaya, es un crimen político tan perverso y ridículo como no saber escribir aun teniendo galones…

TEXTO COMPLETO PINCHANDO ENLACE SIGUIENTE:

http://www.miamidiario.com/opinion/razon/escritura/alfonso-m-becker/mas-poetica/330900

Alfonso M. Becker © copyright (Todos los derechos reservados)

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