SIN PERDÓN PARA LOS ALIADOS DE LOS PERSAS .- by Alfonso M. Becker

NO HABRÁ PUENTES DE PLAT EN SIRIA

No habrá puentes de plata en Siria…

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Mucho se ha escrito del presidente Bashar Al-Assad en estos cuatro años de guerra sin cuartel en Siria. Muchas elucubraciones se han hecho respecto a su futuro en las rondas de conversaciones celebradas y por celebrar en Ginebra. Se ha hablado tanto sobre el presidente de Siria desde Europa, Rusia, China, EEUU y desde casi todo el mundo, que parece que existen tantas soluciones viables para Al-Assad como opinadores desde todos los rincones del planeta. El propio Bashar Al-Assad llegó a creer, hasta hoy mismo, que entre tantas apreciaciones descabelladas y sin sentido geopolítico hechas, entre tanto análisis sobre su hipotético futuro en Damasco, tendría -al menos- algunas posibilidades reales de salir airoso si concluía exitosamente su campaña militar contra los opositores, de toda ralea y condición, que pululan por el territorio sirio.

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Al principio de la revuelta popular, para tener alguna esperanza, Bashar Al-Assad sopesaba algunas “realidades” que no debemos ignorar por su valor e importancia… La principal sería -en mi opinión- su decisión de ponerse al frente de sus Fuerzas Armadas, sin titubeo alguno, cuando sabía de sobra lo que se le venía encima, porque no solo era una fuerza opositora inicial de sirios lo que tenía que afrontar, sino el serio aviso y -yo diría- ultimátum que más de veinte países occidentales le hicieron para que optara por una salida “digna”… si se puede llamar así a la sugerencia de que dejara la presidencia y abandonara su país con varias opciones de asilo, más o menos dorado, que le habían ofrecido desde muchos estados de Latinoamérica y desde Rusia.

.LA GUERRA CONTRA IRÁN YA HA COMENZADO

Por aquellos días del 2011, el presidente sirio barruntaba junto a su Estado Mayor que si ganaban la guerra civil a pesar de la tremenda infiltración de combatientes que Siria estaba sufriendo por todas sus fronteras, podría demostrar a la comunidad internacional que había logrado contener esas “primaveras” orquestadas -según Assad- desde afuera con el descarado apoyo multimillonario de sus enemigos irreconciliables turcos y saudíes. Sabía también, Assad, que Estados Unidos y la Unión Europea aplaudían, tras el telón, las maquinaciones de las monarquías del Golfo y el gobierno de Ankara, lo que le hizo -con cierta inteligencia- presentir, conjeturar o prever que una victoria militar sería una clara señal o indicio para Occidente de que Siria era un país “serio”, fuerte y con capacidad de estabilizar la nación y hacer ver que Damasco no tenía interés alguno ni necesidad de molestar a Israel, ni influir en el Libano o tener problemas con Turquía. Al menos en apariencia.

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Ese estado de ánimo del presidente sirio fue cambiando conforme se fueron presentando “realidades” muy alejadas de lo posible para los deseos de Bashar Al-Assad de tener una salida “honorable” aunque en el caso hipotético de que ganara la guerra y controlara, al menos, una buena parte del país, lo dejaran tranquilo en Damasco. Gestionar una guerra civil a la que hay que sumar los infiltrados extranjeros cuando se es un país geoestratégicamente situado en el “corredor” chií orquestado por Teherán, es algo realmente complejo porque tienes encima los “ojos” de todo el mundo y al más mínimo error estratégico que implique la matanza de civiles cuando te enfrentas a la peor de morralla de terroristas islámicos que asedian u ocupan una ciudad, te pasan la factura… Esa factura internacional se suele pasar con mucho más ahínco y con exigencia de pago, cuando en su día el presidente sirio optó por los bombardeos de gas cloro contra las concentraciones de milicianos opositores y terroristas islámicos en ciudades populosas como Alepo…

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Todavía continúan esos devastadores bombardeos químicos contenidos en barriles lanzados desde helicópteros de la Fuerza aérea Siria a pesar de que el Consejo de Seguridad de la ONU condenase su utilización, y si las fuerzas “azules” de la ONU no se han metido ya en Siria para detener el conflicto, no tiene otra explicación que una de esas “realidades” alarmantes para la comunidad internacional: parece que los terroristas del Daesh también lo están utilizando en Irak. Así que allí no hay Dios que se adentre porque se “comerían” crudos a los cascos azules en un santiamén. Pero lo peor de todo es que Bashar Al-Assad, además, permitió la entrada de combatientes iraníes y hasta divisiones completas de terroristas sirios de Hezbollah llegando a formar verdaderos cuerpos de ejército de armas combinadas al mando de generales persas. Si antes se quejaba Assad de infiltraciones extranjeras… ahora no tenía más remedio que cambiar de discurso, callar y dejar la esperanza a un lado porque había cruzado una línea roja, adrede, para internacionalizar el conflicto precisamente aliándose con los peores enemigos de Washington, Europa, Israel y las monarquías del Golfo.

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Ninguna salida para el presidente sirio…

Resultan realmente sorprendentes la cantidad de teorías ilusorias desplegadas en torno al futuro de Bashar Al-Assad. Los enemigos de Washington y hasta un número notable de analistas de cierto prestigio entre las filas aliadas, daban por seguro que no había otro remedio que pactar con el presidente sirio como un “mal menor” ante la extrema crueldad y barbarie desplegadas por la jauría musulmana de terroristas islámicos del Daesh en la zona. Se pretendía explicar desde algunos países de Europa que un ejército compacto como el de Siria podría “estabilizar” el territorio sirio y que su “temible” y efectivo servicio de inteligencia podría ser la pareja de baile adecuada para la Direction Générale de la Sécurité Extérieure (DGSE) del gobierno de París.

Argumenta mi admirado periodista español Luis Rivas, desde Francia -y con mucha agudeza-, que el psicodrama geopolítico, patología habitual en la clase política francesa, podría llevar ahora a Quai d’Orsay a replantearse una alianza con los espías del mukhabarat… Pero los servicios de inteligencia occidentales dejaron muy claro, desde hace 5 años (2010), a quién había que matar en Damasco para ajustar cuentas por el centenar de agentes occidentales asesinados en solo tres años por el gobierno de Bashar Al-Assad: en primer lugar de la lista estaba el general mayor Hisham Bakhtiar, director de la agencia de inteligencia GID siria desde 2001 hasta 2005, que fue el director del Partido Ba’ath y Orden Regional National Security Bureau (NSB). El listado continuaba con toda la plana mayor del NSB y de todas las agencias de inteligencia siria con especial atención al Servicio de Inteligencia Militar de la Fuerza Aérea que fue, en su día, el apoyo logístico y de inteligencia para los terroristas de Hezbollah, esbirros de Teherán que dinamitaron la embajada de Israel y la AMIA en Argentina. Espías israelíes y estadounidenses han intentado matar al jefe de la Inteligencia Militar de la Fuerza Aérea, Jamil Hassan, en varias ocasiones. Se le dio por muerto en un ataque en 2012, según el Ejército Libre de Siria, pero el Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) de Moscú (curiosamente dos espías de origen checheno) lo detectó sobre el terreno y confirmó a Estados Unidos que Jamil Hassan estaba vivo.

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¿Cooperar con la inteligencia siria…?

Desde noviembre del año 2010, los “pastores” de la CIA, Mossad, DGSE francesa, MI-6 británico, CNI de España y el BND alemán, coordinaron sus estrategias con sus homólogos saudíes en un lugar secreto de España que no podía ser otro que una sala en la carretera de La Coruña, es decir, la sede de los espías españoles, sin embargo, la NSA estadounidense dejó escapar de soslayo que fue en la Base Aeronaval de Rota y con la asistencia del flamante jefe del Mossad, Tamir Pardo y el recién sustituido en la cúpula de inteligencia israelí, Aluf Meir Dagan. Se dice que el “artista” invitado era un tal Bandar bin Sultan, un príncipe saudí mundialmente famoso porque su gestión y entretenimiento principal -según acusaciones de Damasco y autoridades libanesas- consistía en promocionar sobre el terreno y financiar con millones de dólares a terroristas suníes en Siria, Libano e Irak… y eso que todavía no era jefe de los Servicios de Inteligencia de Saudi Arabia…

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Bueno, pues en aquella “cumbre” secreta quedó meridianamente claro que a Bashar Al-Assad se le había “invitado”, más de veinte veces y a través de otros tantos mandatarios mundiales, a que abandonara el poder o que se atuviera a las consecuencias… A Bashar Al-Assad, se le presentó la factura no solo del centenar de espías asesinados sino la imperdonable afrenta de “afiliarse” al eje Teherán-Hezbollah-Damasco, por lo que la factura se incrementaba con 400 militares entre estadounidenses y franceses asesinados y personal diplomático masacrados en los atentados contra cuarteles U.S.A.-France en Beirut y la Embajada estadounidense en la misma ciudad en 1983… Desde entonces (2010), no hay salida para Bashar Al-Assad. El presidente sirio decidió jugar sus propias cartas y solo le quedaba resistir en Damasco hasta su final o hasta la victoria… algo realmente descabellado e impropio de una persona que había recibido educación británica y que, se supone, entendía perfectamente los intereses del Reino Unido y la coalición occidental en la zona. Una opción suicida de la que muchos gobernantes le advirtieron…

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Alfonso M. Becker © copyright (Todos los derechos reservados)

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